Linux y Yo. 3 décadas
Corría mediados de los noventa cuando aquel puñado de disquetes y un CD-ROM grabado con cuidado cambiaron mi relación con la tecnología para siempre. Red Hat Linux 2 no llegó a mi ordenador como un simple sistema operativo, sino como una declaración de libertad. En una época dominada por pantallas azules, licencias opacas y la sensación constante de ser un mero espectador frente a la pantalla, instalar Linux fue el equivalente digital a abrir el capó de un coche por primera vez y descubrir que podías tocar cada pieza, entenderla y modificarla a tu antojo. No hacía falta pagar una fortuna por una estación Unix propietaria ni pedirle permiso a nadie para mirar debajo del capó: bastaba con paciencia, una módem de 14.4k y la terquedad de quien no acepta que una máquina sea una caja cerrada. ...